¡Tan tonto no estoy!

¡Tan tonto no estoy!


«¿Cómo voy a haber manifestado yo esto? ¡Ni que fuera tan tonto!»

Probablemente, esta frase o una similar haya cruzado por tu mente si alguna vez te has topado con la idea de que somos los creadores de nuestra realidad. Es un pensamiento natural: ¿Cómo aceptar que hemos dado vida a algo que no deseamos, que incluso detestamos?

Pero aquí está el detalle que suele pasarse por alto: nadie dice que manifestemos solo lo que deseamos. Si revisamos el proceso de manifestación, veremos que este no distingue entre lo deseado y lo indeseado; simplemente responde a un principio fundamental: que ambos hemisferios cerebrales trabajen en sintonía.

Los hemisferios cerebrales: el equipo que crea tu realidad

Nuestro cerebro está dividido en dos hemisferios, cada uno especializado en diferentes funciones:

El hemisferio izquierdo, lógico y analítico, encargado de estructurar, racionalizar y poner «etiquetas» a la realidad.

El hemisferio derecho, intuitivo y emocional, que percibe el mundo a través de imágenes, sentimientos y símbolos.

Cuando estos dos trabajan juntos, el proceso de manifestación se activa. La clave está en que lo que pensamos se sienta lógico y natural. Observa de nuevo la frase: que se sienta (hemisferio derecho) lógico (hemisferio derecho) y natural.

Por ejemplo, si pienso: «Siempre me pasan cosas malas», y ese pensamiento resuena como algo lógico (porque me resulta familiar) y natural (porque lo siento como una verdad interna), entonces, sin importar que no lo desee, se manifiesta.

Deseo y temor: los grandes motores de manifestación

Aquí es donde entra en juego una gran verdad: lo que manifestamos no siempre es lo que deseamos. La manifestación no está dirigida por lo que queremos conscientemente, sino por lo que consideramos natural y lógico en nuestro inconsciente. Y, lamentablemente, nuestra mente está programada para centrarse más en el temor que en el deseo.

Piensa en esto: ¿Qué imagen tienes del «cielo»? Probablemente, si eres de mi generación, recuerdes vagamente anuncios de ángeles comiendo queso crema. Ahora, ¿qué sabes del «infierno»? Lo más seguro es que tengas una lista detallada de penalidades, castigos y sufrimientos que parecen más reales que cualquier escena celestial.

¿Por qué sucede esto? Porque nuestra mente, en piloto automático, tiende a enfocarse en lo que teme. Imagina que tu inconsciente es como una película que se repite constantemente en tu cabeza. Si el guion está lleno de temores y desgracias, esas serán las escenas que tu mente proyectará en tu realidad.

La reprogramación: de crear infiernos a manifestar cielos

Somos pequeños maestros creando infiernos, no porque queramos sufrir, sino porque nos resulta más lógico y natural que sucedan desgracias antes que milagros. Pero la buena noticia es que esta programación puede cambiar.

El primer paso es tomar conciencia de ello. Reconocer que el piloto automático no está trabajando a nuestro favor. Luego, podemos reprogramar nuestra mente para que el deseo sea el gran motor de nuestra manifestación.

¿Cómo hacerlo? El proceso, muy resumidamente, es el siguiente:

  1. Identifica las creencias que sostienen lo indeseado. Pregúntate: ¿Qué ideas lógicas o naturales tengo sobre esta situación?
  2. Cambia tu narrativa interna. Sustituye esas ideas por afirmaciones que sientas posibles. No basta con decir «todo es perfecto»; debes encontrar frases que tu mente pueda aceptar como lógicas y naturales.
  3. Siente tu nueva realidad. La emoción es el puente entre tus hemisferios. Imagina cómo sería tu vida si tus deseos ya fueran reales y sumérgete en esa sensación.

Te recomiendo leer los post anteriores para una descripción más detallada.

Conclusión: Ser el creador consciente

No, no es que seas «tan tonto» como para crear tu sufrimiento. Es que tu mente, como la de todos, ha sido programada para centrarse en el temor. Pero el momento en que tomas las riendas y decides reprogramarte es cuando comienzas a manifestar una realidad más alineada con tus deseos.

Así que, ¿quieres seguir creando en piloto automático, o prefieres convertirte en el arquitecto consciente de tu realidad? La elección está, como siempre, en tus manos.

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