¿Y tú, qué quieres ser de mayor?
Cuando éramos niños, esta era una de las preguntas favoritas de los adultos. Nos la hacían esperando respuestas simples o soñadoras: astronauta, bombero, cantante… Cada respuesta estaba impregnada de imaginación, porque para nosotros, cualquier cosa era posible. Sin embargo, con el tiempo, la vida parecía ir cerrando poco a poco esas puertas de lo posible. Rara vez, de adultos, volvemos a preguntarnos con la misma curiosidad y apertura: ¿qué queremos ser? A veces pensamos que eso ya está decidido. ¿Pero realmente es así?
Hoy quiero invitarte a retomar esa pregunta. A partir de ella, revisaremos juntos un principio fundamental de la manifestación intencional: el ciclo Ser – Hacer – Tener y cómo, si queremos crear un cambio en nuestra vida, necesitamos ordenarlo de una forma distinta a como nos han enseñado.
Primero, Ser. Luego, Hacer. Después, Tener.
A menudo pensamos que primero necesitamos hacer algo para conseguir tener algo —dinero, tiempo, un título— que nos lleve, finalmente, a ser la persona que queremos. Este enfoque lineal nos hace sentir que siempre necesitamos algo más, que hay un paso previo, una condición que cumplir para empezar a vivir como deseamos. Así, nos convertimos en buscadores de circunstancias externas, creyendo que son esas circunstancias las que nos van a dar identidad.
Sin embargo, si nos fijamos bien, en realidad primero necesitamos ser. La clave está en que nuestra identidad es lo que crea nuestra realidad. Un ejemplo claro: nadie recibe el título de médico antes de serlo. De hecho, ¿te imaginas el desastre si le diéramos el título a alguien que aún no es médico? Con la creación de nuestra vida ocurre algo similar: solo cuando somos de verdad, estamos listos para hacer y para tener aquello que deseamos.
Pensarás que, en ocasiones, uno obtiene cosas sin sentirse la persona que debería poseerlas. Surge entonces en nosotros una especie de “síndrome del impostor”, como si lo hubiéramos robado, y nosotros mismos nos encargaremos de hacer lo posible para que todo lo conseguido se esfume tan fácilmente como llegó. Sigmund Freud lo retrató muy bien en un artículo titulado Los que fracasan al triunfar. La solución pasa por un pequeño cambio en el orden del ciclo.
Cambiando el orden: Ser como base de toda creación
La verdadera transformación ocurre cuando dejamos de intentar “tener” para finalmente “ser”. Cuando adoptamos una identidad nueva, nuestras acciones y elecciones se alinean naturalmente con ella, y el “tener” llega como consecuencia.
¿Quieres prosperidad, una relación plena o una vida con propósito? La forma más poderosa de alcanzarlo es ser la persona que vive esas experiencias, desde el principio, sin esperar a que nada externo cambie. De hecho, fíjate que dije que tú tienes que ser esa persona, no que tienes que hacer que nada de lo de fuera cambie, porque volverías a poner tu poder fuera. Mentalízate: todo lo que necesitas depende de ti. A medida que tú cambies, tu realidad cambiará contigo para hacer posible que tu nuevo ser pueda manifestarse.
¿Cómo empezar a “Ser” de manera intencional?
Aquí es donde entra el poder de nuestras creencias y de nuestra percepción. La clave para alinear nuestro “ser” con la vida que deseamos comienza con las siguientes técnicas. Son herramientas para nutrir la identidad que queremos construir y para empezar a alinearnos desde nuestro interior con esa realidad.
1. Declaraciones poderosas
Usamos el lenguaje de muchas maneras, pero a veces olvidamos que nuestras palabras también pueden dar forma a la realidad. Así, no es lo mismo describir lo que pasa a nuestro alrededor («Hace frío afuera») que hacer una afirmación que tenga el poder de generar un cambio o un compromiso («Voy a hacer esto»). En el primer caso, utilizamos un lenguaje meramente descriptivo. En el segundo, usamos un lenguaje generativo, es decir, un lenguaje que provoca un cambio en la realidad, es decir, que genera una nueva realidad.
En este sentido, existen dos formas principales de utilizar el lenguaje generativo:
- Peticiones. Si yo te pido algo, por ejemplo: “Dame ese documento, por favor”, probablemente habrá provocado un cambio en la realidad: El documento habrá pasado de tu mano a la mía. Ahora bien, esta opción de lenguaje generativo sigue poniendo el poder fuera. Toda petición depende de si la otra persona quiere o no realizarla. Le doy, por tanto, al otro el poder de permitirme o no lograr mi deseo. La idea es dejar de depender de lo externo.
- Declaraciones. También generan cambios en la realidad, pero a diferencia de las anteriores, las declaraciones son afirmaciones sobre nosotros mismos que no dependen de nadie más para su cumplimiento.
Para que una declaración sea eficaz, debe cumplir 5 requisitos. Veámoslos con un ejemplo clarificador. La declaración por excelencia: “Yo os declaro marido y mujer”. Esta declaración genera una realidad desde el mismo momento en que se realiza. De modo que, si uno de los recién casados decide que ya no quiere estarlo más, aunque solo hayan pasado cinco minutos desde la declaración, ya tendría que pedir (más lenguaje generativo) el divorcio, porque desde el mismo momento en que se pronunció la declaración, generó una realidad (jurídica, en este caso). Vamos con las características para hacer declaraciones eficaces:
- Debe ser realizada por una persona con autoridad. Si nuestra afirmación ejemplo la dijera el carnicero de mi barrio, no tendría ninguna validez. Ahora bien, desde que tienes mayoría de edad, ¿quién tiene mayor autoridad sobre ti que tú mismo? Declara con la confianza que te da ser la persona con la máxima autoridad sobre tu realidad.
- Debe estar en afirmativo. En nuestro ejemplo, el juez o el sacerdote no dice “Yo declaro que ya no sois novios”. Y es que solemos tener más claro lo que no queremos que lo que deseamos. Hemos de acostumbrarnos a centrar nuestra atención en lo que sí queremos en nuestra vida y retirarla de lo que no (ya veremos por qué en próximos posts).
- Declara en presente. Fíjate en nuestro ejemplo. En él, no se dice: “declaro que seréis marido y mujer”. Debes interiorizar que esa realidad que declaras, ya es verdad desde el momento en que la declaraste. Recuerda (mira los posts anteriores) que lo que estás haciendo es manifestar una de las infinitas posibilidades creadas en potencia alineándote con la línea temporal correspondiente.
- La declaración debe tener una intencionalidad. Como dijimos, no son afirmaciones huecas, vacías, meramente descriptivas. Debe venir de un deseo (que no una necesidad) que nos haga sentir. Y esto nos lleva a la última característica.
- Debe generarnos el sentimiento de ser la persona que posee la característica que declaramos tener.
Ejercicio: Escoge una afirmación como “Soy una persona próspera y llena de energía” o algo más específico si lo prefieres. Declárala todos los días en voz alta, con convicción y en el presente. Con el tiempo, tu mente inconsciente irá buscando confirmación en tus recuerdos del pasado Y DEL FUTURO (ya veremos en qué consiste todo esto) y empezará a adaptarse a esta nueva identidad.
2. Visualización creativa
La visualización no solo es imaginar, es sentir y experimentar en nuestra mente cómo sería vivir esa identidad. Imagínate actuando y sintiéndote de la forma en que lo harías en esa realidad que deseas. Al hacerlo, estás entrenando a tu mente para reconocerla como posible y para empezar a vivirla.
Ejercicio: Dedica unos minutos al día a cerrar los ojos y visualizarte con todos los detalles posibles en ese papel que deseas. ¿Cómo actúas? ¿Qué dices y cómo te sientes? Este ejercicio envía señales al cerebro de que esa identidad es real y alcanzable.
3. Actúa “como si”
No basta con afirmar e imaginar unos minutos al día. En nuestro día a día debemos continuar manteniendo la creencia y la actuación. Se trata de comenzar a tomar pequeñas acciones desde ya, como si ya fueras la persona que quieres ser. Esta técnica rompe las barreras del “no estoy listo” y ayuda a crear confianza. Al actuar como si ya fueras esa persona, das pasos en la dirección de tu nueva identidad, consolidándola y atrayendo experiencias que la validan.
Ejercicio: Escoge una acción diaria que harías si ya fueras esa persona. Si tu meta es ser un artista, dedica cada día un tiempo fijo a crear, aunque sea poco. Poco a poco, estas acciones se convertirán en algo natural.
Conclusión: Preparándonos para el Hacer y el Tener
Ser es el cimiento sobre el cual se construye todo lo demás. Cada día es una oportunidad para decidir quién eres, y cada día que decides acercarte a tu identidad deseada, abres puertas a experiencias que enriquecen y transforman tu vida desde adentro.
En el próximo post, exploraremos cómo dar el siguiente paso en este ciclo: el Hacer. Profundizaremos en cómo, desde nuestra identidad recién declarada, podemos tomar acciones alineadas y conscientes para avanzar hacia nuestras metas. Y finalmente, hablaremos sobre cómo el “hacer” alineado conduce al “tener”, el aspecto visible y tangible de nuestra creación.
Pero hoy, aquí es donde realmente empieza la magia. ¿Quién eliges ser a partir de ahora? La vida que deseas comienza aquí y ahora, con cada pequeña declaración y elección. ¿Estás listo para dar el primer paso en este viaje de manifestación intencional y abrir la puerta a la vida que realmente deseas?
Cuéntame en los comentarios una pequeña declaración que quieras incorporar en tu vida diaria.

